BLANCA GUILLÉN

Hay una convicción muy sencilla que atraviesa todo lo que hago: el ser humano ya tiene dentro mucho más de lo que cree.
A veces sencillamente necesita un poco de silencio, un poco de espacio… y una buena compañía para recordarlo.
Soy madre. Y quizá esa experiencia ha sido una de las que más me ha enseñado sobre la vida interior: observar cómo algo auténtico aparece cuando se le da tiempo, cuidado y respeto. Sin forzarlo.
Mi camino oficial con la música empezó pronto, a los 6 años.
Me formé en flauta travesera y pedagogía musical, y durante años trabajé como profesora de música en colegios y escuelas de música, enseñando flauta, lenguaje musical, música y movimiento.
También he cantado en coros, tocado en banda de música y en orquesta de flautas.
La música siempre estuvo ahí. Como un lenguaje natural.
Pero para mí la música nunca ha sido sólo una disciplina o una profesión.
Desde muy pequeña fue también un canal para expresar mi mundo interior, especialmente en momentos de la vida en los que no sabía hacerlo de otra manera. La música me permitió sacar emociones, ordenar pensamientos y dar forma a algo que dentro era difícil de nombrar y a la vez fácil de sentir.
Con los años, comprendí que esa capacidad no era sólo algo personal.
La música tiene una forma muy particular de acompañar, reflejar y transformar aspectos profundos y «complejos» del ser humano.
Durante más de veinte años acompañando a personas en sus procesos, he podido verlo una y otra vez: cuando la música entra en la experiencia de una persona, algo se abre, algo se mueve, algo empieza a encontrar su propio camino. Sin esfuerzos, sin luchas internas. Con calma, sentido, honestidad, creatividad, alivio y naturalidad.
Con el tiempo, comprendí que aquello que más me fascinaba no era únicamente la música… sino lo que ocurre dentro de las personas cuando la música aparece.
Por eso continué formándome en Musicoterapia, en desarrollo personal y en herramientas transpersonales.
También he profundizado durante años en variados estudios espirituales-vitales, quedándome dentro de la tradición de Self-Realization Fellowship (SRF), fundada por Paramahansa Yogananda, mi maestro.
Este recorrido me llevó a trabajar como musicoterapeuta en hospitales y centros de diversidad funcional, a impartir clases de musicoterapia en universidades, y a colaborar como asesora y supervisora en distintos proyectos relacionados con la educación, la música, la musicoterapia y el desarrollo humano.
Con el paso de los años, fui viendo algo muy claro… Muchas disciplinas hablan del ser humano desde un único lugar: la terapia, la educación, la espiritualidad, el desarrollo personal…
Y, sin embargo, la experiencia real de una persona es mucho más amplia.
De esa intuición nace Afinando mi SER:
- No es musicoterapia.
- Tampoco es desarrollo personal.
- Ni pedagogía musical.
- Ni música espiritual.
Toma algo de todos esos caminos… y al mismo tiempo tiene identidad propia.
Aquí no intento enseñarte quién debes ser ni prometerte resultados. Mi trabajo es mucho más sencillo —y más profundo—:
ofrecer un espacio y una plataforma para que puedas parar, escucharte y dejar que emerja lo que ya vive dentro de ti.
Con calma.
Con respeto.
Con amor.
Porque cuando una persona se da ese permiso… algo empieza a ordenarse por dentro.
Y en ese proceso, la música puede convertirse en una compañera extraordinaria.
Una herramienta directa para conectar emoción, pensamiento y cuerpo; para crear pequeños hábitos internos que, poco a poco, nos devuelven a nosotros mismos.
Muchas veces tememos mirar hacia dentro, pero cuando atravesamos ese pequeño umbral, descubrimos que al otro lado no hay nada que temer, sencillamente algo muy sencillo. Algo que siempre ha estado ahí… AMOR.
